martes, 10 de noviembre de 2009

Amarga derrota pasada por agua

El derby frente al Beti Lagunak se presentaba con esperanzas de victoria que fueron truncadas como el vuelo de un pájaro que es abatido por el disparo de un cazador. Aunque también hay que decir que el pájaro tampoco anduvo muy listo a la hora de evitar el impacto de la bala.
Prácticamente al echar a rodar el balón en el centro del campo las nubes estallaron y descargaron una furiosa tormenta de granizo que ayudada por el vendaval se metió dentro del campo inundando todo el lateral izquierdo del campo y el área del territorio txikitero de la primera parte. El efecto era más sobrecogedor si cabe con el estruendo causado por el granizo al golpear la cubierta del campo, que incluso impedía que los consejos y procalamas lanzadas por delegados y aficionados a los jugadores. El colegiado, viendo el panorama, decide al de 4 minutos detener el partido para esperar a que calme el temporal y decidir si se continúa el partido o se pospone para otra fecha. La lluvia se calma para terminar por cesar y los delegados hacen esfuerzos por echar afuera el agua que inunda el campo, con menos éxito que otra cosa. Desoyendo consejos, ambos equipos deciden continuar adelante con el partido, que se reanuda en el momento en el que se quedó. Así, la primera parte estuvo marcada por goles y contragoles hasta llegar a un 3-2 a favor del Beti Lagunak, así como por una serie de divertidas y desgraciadas caídas en las filas de ambos contendientes. El área mojada del Txikiteros D.F. impedía al guardameta Imanol Montoro hacer gran cosa por detener los balones que los defensas habían descuidado en que no fuesen lanzados por el equipo rival. Ello provocó la ira e impotencia de éste, que a punto estuvo de lesionarse al golpear con toda su rabia la portería.
El segundo tiempo representó el fallido intento por rehacerse y adelantar en el marcador al Beti Lagunak. El mismo fallo consecutivo de ataques con garra pero desorganizados y contraataques del rival sin respuesta satisfactoria llevó hasta el 6-2, que hundió en la desolación a los txikiteros y minó su moral. La anarquía en el juego fue casi completa y sólo una jugada pudo acabar con Javier Argala Duque marcando el tercer tanto. Otra buena jugada de un Beti Lagunak engrandecido acabó en el séptimo y último gol, dejando finalmente un desolador resultado de 7-3.Si hace 20 años cayó un muro, esta vez ha caído una ilusión por hacer un buen papel en la Liga. Pero el pájaro no está muerto, sólo está herido. Una herida muy profunda, si, pero al fin y al cabo una herida. Como el boxeador siempre dispuesto a seguir combatiendo, esperemos que se levante, recapacite y sea capaz de endosar algún que otro directo. No se aprende a golpear sin haber sido antes apaleado y esperemos que ésta derrota sirva para, ante todo, aprender.

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